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La Coctelera

prosas_y_cosas

4 Marzo 2012

Alfabeto literario

Auster aprende alfabetos azarosos. Abarca accidentes, actos anárquicos, antepasados adictos al azogue. Anuncia apariciones apasionadas.

Belacqua, balbuceaba Beckett bebiendo brandy. Burilaba bemoles bizarros, bufones belicosos, bellos blasones blasfemos. Bautizaba brillos.

Bernhard barajaba burlas breves, blasfemias bárbaras. Batallaba burilando binomios básicos: belleza, brutalidad. Bruñía bayonetas briosas.

Bravío, Bukowski bramaba. Borrachos bucólicos, brinden bien. Busquen brumas, borrascas, bosques bombardeados. Brillen, buitres, buceen.

Burroughs buscaba balas bajo burós. Blindar bloquea, barruntaba, barriendo bachas. Bruscamente brotaron bolígrafos. Brujería, barboteó.

Cada cabeza contiene ciudades, cavila Calvino. Cruzarlas con cautela como cristales: cuánta claridad. Coge cuaderno, carboncillo. Comienza.

Cortázar creaba cuentos circulares. Confiaba cazar cronopios, curiosidades, clarividencias. Consiguió congregar conexiones clandestinas.

Dostoievski dudaba. Desdoblarse duele, decía, dirigiéndose dardos. Decidió desengañarse. Dejó de divagar. Desenmascaró deseos, desasosiegos.

Eliot escucha ecos extraños, estallidos en el éter. Estamos ensordecidos, elucubra, esto es el erial. Elige estrofas enfebrecidas. Escribe.

Faulkner fustigaba fantasmas frecuentes. Fuera, farfullaba, fúguense. Fumaba furioso. Formaba fastuosos falansterios fijando frases fieras.

Ferviente fumador, Fogwill fraguaba ficciones firmemente fincadas. Fastidiaba fuegos fatuos, farsas, fariseos. Favorecía faunas factibles.

Gambusino genial, Gaddis gozaba generando gemas. Gloso galaxias gramaticales, gruñía, gustoso. Ganó gente, gramaje, grandiosas geometrías.

Heródoto hilvanaba hazañas heroicas. Hilos humanos heríanlo, horadábanlo. Hombres, hay historia, hablaba henchido, háganla, habítenla.

Ishiguro imagina ingleses indecisos, incompletos. Incita insomnios internos, instintos inhibidos. Inspirado, insular, idea incertidumbres.

Joyce jugaba jubiloso. Juntaba jerigonzas, jeroglíficos, juergas juveniles. Justificaba jaculatorias, jeremiadas. Jeringaba jerarquías.

Kadaré, Kafka, Kertész, Kiš, Koestler: káiseres kamikaze, kirie, koinés kilométricos.

Lúbrico, Lampedusa lamía langostinos. Ligeia le leía letras lejanas. Latían laúdes, liras lánguidas. La luna lucía líquida: lujoso licor.

Licor lento, locura larga. Lowry libaba labrando letanías, lápidas lúdicas. La luz literaria lo lanzaba: lince locuaz, leyenda líquida.

Malaparte mascaba mariscos mentalmente. Muero, meditaba, me mudo. Manipulaba memorias, melancolías. Más morfina, murmuraba, más manjares.

Muerte merecen, malditos, masculla Mishima mirando militares. Morita mide momentos, meditabundo. Mándame, maestro, musita. Mishima mutila.

Nadie nace narrando, notaba Nabokov. Necesitamos néctar novelístico, nínfulas, nostalgias nítidas. Nutre navegar, naufragar: nivelarse.

Obsérvanos, Orwell. Ojos omniscientes ocupan oquedades oscuras, obedeciendo órdenes. Ominosos oligarcas operan ocultamente, oprimiéndonos.

Perecer provoca pereza, pensaba Perec. Pidió pimienta para probar pasta, pescado. Pululaban palomas, plañideras por presagio puntual.

¿Pagaré pecados pasados?, preguntaba Poe. Pergeño pozos, péndulos, podredumbres prematuras: puros panoramas pesadillescos. Pym, perdóname.

Quignard quiere quedarse quieto, quemarse quedamente. Quid: quebrantar quillas quijotescas, quitar quimeras. Quizá quintaesenciar.

Rugían rayos remotos. Rimbaud reaccionaba rumiando romances rítmicos. Rajado, roído, realmente rogaba renguear rápido. Rechazaba reptar.

Sicilia sesteaba, sibilina. Sciascia salió sin saber si soñaba: señales siniestras sembraban su sendero. Se sentía sudoroso, sentenciado.

Soplan sedas soleadas sobre Samoa. Stevenson se sacude, sediento: sabe su situación. Sédenme, sirenas, sisea. Selvas, sargazos: sálvenme.

Todos tememos transitar, trama Tabucchi. Tardamos tanto titubeando, tejiendo torpes travesías tenaces. Tomemos trenes tibios, tropecemos.

Vea, Verne, vidente voraz. Vivimos volando victoriosos, vigilando villas vueltas vórtices. Vitoreamos vitrales, vitrinas vacías. Vibramos.

Zumbaban zancadas zafias, zigzagueaban zapatillas. Zarpar, zozobrar: zurcir zodiacos, zonas zoomorfas. Zaherido, Zweig zanjó: "Zugzwang."

[Fotografía: Thomas Bernhard en 1978]

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Ciudad de México, México
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Mauricio Montiel Figueiras (1968) es narrador, ensayista y traductor mexicano. Entre sus libros más recientes se encuentran "La penumbra inconveniente" (2001), "La piel insomne" (2002), "Terra cognita" (2007), "La brújula hechizada. Algunas coordenadas de la narrativa contemporánea" (2009) y "Paseos sin rumbo. Diálogos entre cine y literatura" (2010). En Twitter: @Elhombredetweed.

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